13:56:00

Es pero...

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.


¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
Jaime Sabines

12:00:00

Teatro Domingo Soler

Amigos: El Teatro Domingo Soler es un espacio de todos y está abierto de nuevo.
Visita : http://teatrodomingosoleracapulco.blogspot.com
Talleres, actividades, noticias, etc.

18:59:00

A botar en esta elección !!!


Ojalá todos botaramos la elección al basurero
Voy a ir a anular mi voto, no quiero ser cómplice de la mediocridad en el congreso (lugar de incompetentes con licencia).

A botar, todos a botar.

¡Va por México!

06:32:00

Influenza Teatral


“!Cierren todos los teatros¡ ¡Suspendan sus temporadas! ¡Desinfecten los foros teatrales!”.

Esperé una voz dictando tales instrucciones durante la alerta sanitaria por el virus H1N1. Pasaron los días, las semanas. Nada. Ni una sola voz pronunciándose al respecto. Ni una sola referencia.


La epidemia ha evidenciado no solo las deficiencias del sector salud de este país. También ha contribuido para sacar a flote la vulnerabilidad de algunos grupos sociales, de algunas actividades económicas, de algunos proyectos inacabados y relegados. Entre “los vulnerables”, el teatro es el rey.


Pero… ¿qué importa el teatro en tiempos de la influenza? La alarma nos obliga no solo a darle la espalda sino a alejarnos de él por completo. El teatro no salva la vida de nadie, ni evita el contagio de un virus, ni desinfecta la piel o el pensamiento. No sirve.


Se detuvo el tiempo en los bares, en los conciertos gruperos, en los cines, en los centros de recreación, en las plazas. Ahí el efecto económico causó estragos y descontento y programas express gubernamentales de apoyo a las empresas (turísticas, sobre todo).


El teatro en Guerrero vale menos que un gel antibacterial de 60 ml ($50.00), menos que unos guantes de látex ($15.00), menos que un cubre-bocas ($3.00). El teatro en Guerrero es un detalle de museo, una pieza ornamental infructuosa y estorbosa, un objeto viejo en desuso.
La ofensa no radica en el silencio sino en el olvido. Uno olvida en la lejanía espacial y temporal. Uno olvida las imágenes idas, las acciones improductivas, los nombres intrascendentes. Lo no deseado, lo no visto, lo no presente.


En los niveles estatal y municipal de gobierno, en el sector “artístico” y social de Guerrero: el teatro es menos que una basurita en el ojo. El teatro, esa actividad que naciera en Grecia y paralizara al país completo; esa actividad efectiva para la conquista de América; esa actividad que rompe idiomas, une razas y transforma la historia. Esa actividad que es un derecho y a la que Lorca pidió defender, yace en el ataúd del abandono. Pero no solo del abandono institucional. ¿Qué compañías representaban obras durante la contingencia? ¿qué temporada debía ser interrumpida? ¿qué actores, maquillistas o técnicos dejaron de percibir un salario? ¿qué público reclamó la devolución de su entrada a una puesta en escena? ¿qué talleres, cursos o conferencias programadas fueron cancelados? ¿cuántos foros teatrales pospusieron su actividad y cerraron sus puertas?


¿Quién olvida a quién? ¿a quién le corresponde recordar? ¿cómo recordar lo inexistente? ¿cómo existir desde el no-recuerdo?


Ni una sola mención. No hay manera. Los foros permanecen cerrados, inoperantes o semiderruidos desde hace años. Las agrupaciones teatrales tienen una actividad inconstante. El público prefiere una michelada el sábado por la noche en sinfonía del mar. Las instituciones administran los programas federales y se adjudican los logros (nunca hay presupuesto digno para la promoción cultural). Total que es verdad, el teatro en Guerrero vale menos que un cubre-bocas, menos que unos guantes de látex, menos que un gel antibacterial. Si no lo cree, vaya a la farmacia y compruébelo.


*El presente texto se publicó el miércoles 20 de mayo en La Jornada Guerrero

19:29:00

La generación encostalada o ¿dónde se encuentra el olvido?


El texto de un inconforme
es su llanto colado por las ranuras de un sistema que le da de comer
Kábricho 2009

¿Qué hace un bufón con aspiraciones de escritor en un buró de escuela revisando libretas con manchones de corrector Bic? ¿en qué momento la estática le ganó a la estética y paralizó el juego? ¿qué vulnera las metas de universitario hasta volverlas un recuerdo? ¿quién debe salir corriendo hacia otra parte? ¿quién debe resignarse ante la pérdida?
Brito 2009

No se sabe bien cómo llega uno al punto, en el que se ha perdido hasta aterrizar en cualquier parte. Se abre una puerta sin antes tocarla:

- Es una magnífica oportunidad, no la desaproveches.
- ¿Qué se necesita?
- Mira, trae estos papeles y estarás dentro.
- Bueno, lo tomaré mientras llega una cosa mejor.
- Semana inglesa y vacaciones pagadas, además, prestaciones de ley.
- Está bien para adquirir experiencia, por ahora.
- Bienvenido.

Luego llega el encanto por las quincenas y la engañosa estabilidad socio-económica. Transcurren los días y lo que se imaginó pasajero se vuelve un hábito disfrutable, sobre todo si se mezcla con el poder (¿qué es el poder?). Las enseñanzas familiares sobre conservar nuestro empleo representan una base para la conformidad que se avecina. Se hilvanan los meses y se construyen fantasías sobre el status, la solvencia financiera y el talento irremplazable (ese que nos conduce a pensar: siempre requerirán de mi).

Pasan algunos años, se acumula experiencia, pero sobre todo miedo a la incertidumbre laboral, a la ausencia del cheque seguro. Hay avisos, alertas que indican la distancia a la que nos encontramos de nuestras antiguas metas. Cabe la esperanza de un estruendo, de una llamada, de una oportunidad inesperada, de un huracán que atraiga miradas internacionales que se fijen en ti. Hay voces que avisan, que anuncian cuando el círculo ha de cerrarse y comenzaremos a dar una segunda vuelta infructuosa, cuando comenzaremos a repetirnos. Permanecemos inmóviles. Entonces aparece la sensación de agotamiento, de neurosis, de ansiedad, de incompatibilidad con el entorno, de resignación. La depresión.

¿Qué se ha perdido? ¿se ha ganado algo? ¿qué es ganar? ¿qué es perder? ¿qué es algo?

Llegan los recuerdos como huracán, las enfermedades psicosomáticas se asoman, las letras del desencanto toman por asalto la computadora, las descalificaciones bulliciosas funcionan como placebo, el lío amoroso hace recordar que aún duele y que se está vivo. ¿Qué hay después de conocer el mundo en la nómina de empleados? ¿cómo se salta una cerca cuya alambrada contiene estatutos sindicales? ¿cómo gritar si el silencio firma los cheques del jefe?

Uno asume la derrota del ideal descalificándolo, describiéndolo como una bobada de aula preparatoriana, apareciendo en los diarios locales como promesa o decepción artística (o científica, o social, o política) del pequeño barrio, reescribiendo el currículum vitae, enmarcando en vidrio anti reflejante el reconocimiento que nos otorga la madrina de bautizo. El ideal es ya una hoja seca que será encostalada, para que se pudra de manera oculta entre el resto de las hojas que cayeron con el ventarrón del conformismo colectivo.

El destino de los miles de costales con los millones de hojas secas dentro, es el olvido. ¿Existe el olvido? Si es que existe ¿por qué alcanzamos a recordarlo? ¿no es una incongruencia lingüística que debe ser aclarada? ¿a dónde está el olvido? ¿por qué pretender que guarde él un cargamento de truncos caminos?

Y olvidar, ¿para qué? para no aceptar que cargamos con el peso de nuestro medianía en el andar por los bares, escuelas, conciertos, moteles, camiones, cines, oficinas, puentes, avenidas, parques, oxxos, teléfonos públicos, miradores. Inculpar al olvido como cómplice en la masacre de las ideas, es la tarea de un ciudadano responsable y comprometido con el desarrollo de su país. Y como eso somos, en el olvido quedan relegadas las imágenes subversivas, los planteamientos de reconstrucción social, los viajes de culto, las preguntas de investigación, los idiomas no hablados, los poemas no escritos, el sexo no experimentado, las aficiones no consolidadas.

Si el olvido existe, habrá que ir a buscarlo, encontrarlo y abrir a cuchilladas los costales plásticos de supermercado, para esparcir de vuelta en este mundo deprimido: las razones, los argumentos, los cuestionamientos, las reflexiones, los debates, las opiniones y las ocurrencias que, algún día, hicieron de esta sociedad un ente con la capacidad de creer que algo faltaba por ser creado y había que arrojarse desmedidamente a inventarlo. Algo en el olvido está guardado y, aseguro que, contiene la fórmula para levantar de la cama a las mentes somnolientas de nuestra generación encostalada. Un viaje hacia el olvido, al menos, provocaría la expectativa y la espera y la esperanza ¿quién se anota en la expedición?

Gabriel Brito, poeta, dramaturgo y director de escena.